martes, 8 de mayo de 2012

Relatos de los sobrevientes

 PEDRO RAMÍREZ

Pedro Ramírez, director de Cultura de la comuna bandeña, refirió los hechos que lo tuvieron como protagonista, los que sucedieron cuando tenía 17 años. Fue secuestrado por Garbi y otras dos personas desde su domicilio y conducido en un Chevrolet de techo vinílico color gris hasta la Side para ser interrogado. Señaló a Musa Azar Curi, Ramiro López Veloso y Tomás Garbi como los que sacaban a detenidos para golpearlos. Esto sucedía en el año 75. Indicó que, más tarde, con el golpe de Estado se produjeron más detenciones, entre ellas las de Cecilio Kamenetzky y Mario Giribaldi.
Refirió su periplo por las unidades penales de La Plata, Sierra Chica, Caseros y Córdoba, donde se encontraban bajo la dependencia del 3° Cuerpo de Ejército, dominada por el “chacal Menéndez”, que así se hacía éste llamar.
“¿Qué delitos cometí? Era militante de la Juventud Guevarista, dirigente del Centro de Estudiantes de la Normal. Participé en la organización de una Coordinadora de centros de estudiantes secundarios. Pusimos dos centros de alfabetización en el barrio Cáceres y en el 8 de Abril. Luchábamos por la creación de la Universidad Nacional de Santiago del Estero. Esos fueron nuestros delitos. Mantengo el mismo pensamiento que entonces. La solidaridad social como principio. ¡Es increíble que jóvenes como Cecilio (por Kamenetzky) hayan sido asesinados por esto!”, cuestionó el escultor.
“Nosotros apenas descendimos unos peldaños, mientras que Cecilio y Giribaldi descendieron al infierno de la tortura y de la muerte. Me levanto alegremente todas las mañanas, dispuesto a construir un mundo mejor. Tengo las manos limpias. No manchadas de sangre”, relató Ramírez.
“Los imputados y sus abogados tienen la tranquilidad de poder ejercer su defensa con todas las garantías como no las tuvimos nosotros en su momento, y esto forma parte de nuestra lucha. ¡Me enorgullezco de pertenecer al grupo de gente que hizo posible esto!”, expresó.

LUIS GARAY


Luis Garay, quien se desempeña al frente del Instituto Espacio de la Memoria brindó detalles de los castigos físicos que vivió durante la dictadura militar.
Contó que al momento de ser detenido trabajaba en el Colegio de Médicos, lugar desde el cual las fuerzas policiales lo retiran con la excusa de que debía reconocer un cadáver, pero lo conducen hasta la sede de la Side santiagueña. “Me tiran al suelo, me vendan y me agarran a patadas. Después me suben al baño, mirando a la pared me ponen las esposas y comienzan lo que ellos llamaban el ‘submarino’, es decir, nos metían la cabeza debajo del agua hasta lo máximo que pudiésemos aguantar y nos pedían datos de personas que ya habían sido detenidos”, dijo el testigo víctima.
Garay sostuvo que en una de las “zambullidas” se le bajó la venda que tapaban sus ojos, y que pudo reconocer a Musa Azar Curi, Ramiro López, Tomás Garbi, Juan Bustamante y otras dos personas con tonada porteña. “En aquel momento yo realizaba reuniones con otros estudiantes y ya se comentaba y sabíamos quiénes trabajaban para la policía”, reveló.
Otra de las humillaciones que Garay tuvo que soportar durante su cautiverio: fue cuando lo obligaban a bañarse en invierno -con 7º bajo cero- con agua fría. “Nos daban uno de esos jabones para lavar la ropa y nos exigían que nos bañemos hasta que lo gastásemos”, figuró.
Luego, Luis Garay corroboró en carne propia el sistema de torturas de la Unidad 9 en La Plata, en la que estuvo recluido desde noviembre de 1976 hasta finales del 79. “El trato era pésimo, la Unidad 9 era considerada como una de las cárceles más terribles del régimen que se estableció durante ese período. Se caminaba con las manos atrás, con la cabeza gacha, no había que mirar al rostro a los guardias y oficiales. Las requisas cada tanto, eran violentas, se golpeaba mucho en los calabozos de castigo, directamente se torturaba”, describió.
Garay -que integró la categoría de irrecuperables- dijo que los castigos físicos eran golpes de puño, patadas, y también se refirió al método sádico de “los golpes en las plantas de los pies, que repercutían en todo el cuerpo porque se producía como electricidad”. Y denunció: “Hay compañeros que fueron muertos como producto de esos golpes. Después dijeron que se habían ahorcado, pero nosotros sabemos que era producto de esas golpizas”.

CRISTINA TORRES

Cristina Torres, ex presa política y presidenta de la Asociación por la Memoria, la Verdad y la Justicia fue secuestrada desde el domicilio familiar el 30 de enero de 1975, por Musa Azar Curi, Ramiro López Veloso y Tomás Garbi, ex policías que fueron condenados a prisión perpetua en cárcel común por el crimen de Cecilio Kamenetzky (en el primer juicio por delitos de lesa humanidad en Santiago); y otro policía de apellido Marino. Contó que durante su secuestro fue sometida a torturas y vejámenes durante varios días, como consecuencia de las cuales se malogró un incipiente embarazo. Recordó que a partir de octubre del 75 el régimen de detención se endureció sensiblemente, restringiéndose las visitas.
“Cuando se produce el golpe del 76 empiezan a llegar muchas otras mujeres detenidas, que daban cuenta de las torturas a que eran sometidas... Por momentos quería morir -dijo- a la vez quería vivir para poder contar lo que estaba sucediendo”. Reveló además que cuando fue sometida a vejámenes no pudo reconocer al autor.
Señaló que en agosto del 76 la sacan del Penal y la llevaron nuevamente a la Side, donde “empieza otra vez el horror de la tortura” y que allí le mostraron a Mario Giribaldi (desaparecido) en un estado que apenas podía mantenerse en pie, tobillos y muñecas muy lastimados, sin pestañas ni cejas. También ve a Cecilio Kamenetzky que esperaba para ser llevado al Penal.
“Nunca imaginé que lo sucedido pudiera ser hecho por seres humanos. Fui detenida en el 75 a la edad de 22 años. Todos los que tenemos alrededor de 50 años sabíamos que América latina vivía una situación de ebullición política. En mi casa esto se discutía. Eran el pan de cada día los debates sobre la situación que vivía el país. Adherí al Partido Revolucionario de los Trabajadores, por adherir al sueño de un país más justo, más equitativo. Esto me costó 7 años de cárcel más un año de libertad vigilada, más las situaciones traumáticas que tuvo que pasar toda mi familia.”

CARLOS LÓPEZ


Carlos López, actual vicerrector de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, estuvo detenido en 1974 y en 1975.
López reveló que durante su detención en la cárcel conoció a Cecilio Kamenetzky. “He podido intercambiar pocas palabras con él, lo tradicional, además de los tratos a los que éramos sometidos por parte de los represores”, contó.
López manifestó que está convencido de que “los que me atormentaron a mí, son los mismos que atormentaron a Cecilio también, ¿cómo voy a pensar que fueron otras personas?”, se preguntó y añadió que “éste ha sido un plan sistemático de aniquilación de opositores al régimen de gobierno”.
La autoridad académica dijo que no guarda sentimientos de venganza, dado que nunca hizo nada a pesar de habérselos cruzado a sus torturadores en la calle en muchas ocasiones. “Mi aporte es para que la madre de Cecilio y su hermana derramen sus últimas lágrimas y para que los responsables paguen con su culpa; a la Argentina le hace falta restañar esas heridas”, expresó.

LUIS ÁVILA OTRERA


Luis Ávila Otrera, sindicalista bancario, fue detenido el 24 de junio de 1976. Contó que durante su detención, mientras lo golpeaban y lo obligaban a firmar una declaración armada, Tomás Garbi hizo pasar a la sala a alguien al que trataba de “doctor” al que le decía: “Mire, pide la intervención de un juez, no sabe cómo le va ir”, y mientras se retiraba el personaje al que identificó “por su olor a perfume”, el ex policía condenado a prisión perpetua por el crimen de Cecilio Kamenetzky le expresó: “Te das cuenta que somos los dueños de la vida y de la muerte de todos ustedes…”.
El testigo, que se desempeñaba al momento de su detención como bancario, relató también a los tormentos a los que fue sometido por parte de los represores. “La primera vez me llevaron a la DIP, me desnudaron, me acostaron en una cama elástica y me agarraron con la picana eléctrica hasta que quedé inconsciente, con el tiempo me enteré que en realidad me había agarrado un paro cardíaco”, declaró.
Luego de ello Ávila Otrera se despertó en una habitación junto a otros presos, quienes se lamentaban la manera en la que había sido tratado por parte de los policías. “En ese momento los quise más que nunca a mis compañeros por ese acto de solidaridad, porque ellos estaban más golpeados que yo; eso me dio fortaleza para seguir adelante”, señaló el testigo.
Durante su cautiverio, Ávila Otrera denunció que los policías que trabajan en los grupos de tareas a cargo de Musa Azar Curi, se apropiaron de un automóvil, una biblioteca entera y una máquina fotográfica, entre otros objetos de valor que le pertenecían.

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